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ESPEJOS EN LA NIEBLA
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Cada una de las proyecciones ofrecidas simultáneamente
desde sus respectivas casillas, dentro del conjunto, desarrolla informaciones,
matices, perspectivas, mundos sugeridos, con los que el espectador pueda
ir reconstruyendo, rechazando, complementando, recreando un todo ajustado
a su mejor entender. Hemos tomado como base temática de esta compleja
experiencia ciertas circunstancias históricas que confluyeron en
la Salamanca profunda del primer tercio del siglo XX, hasta el estallido
de la Guerra Civil. Se muestran en términos audiovisuales, por
una parte, los escenarios del ruinoso palacete que corona la dehesa de
El Cuartón, vecina a Vitigudino, lujosamente habitado por la legendaria
dama Inés Luna Terrero, conocida como la Bebé, heredera
de toda la enriquecida saga familiar, amante de personajes tan singulares
como el dictador Primo de Rivera o el pintoresco Gonzalo de Aguilera,
conde de Alba de Yeltes. Y por otra, los solitarios terruños del
poblado que hubieron de construirse los esforzados renteros expulsados
de la dehesa, según las minuciosas investigaciones sobre esta gesta
de su propia familia, bellamente articuladas en el libro Centenares de
la escritora Macu Vicente, que ha colaborado generosamente en tan arriesgado
proyecto. No son historias lineales. Cada montaje contiene un potencial
de múltiples sugerencias que nos interesan más que el propio
relato.
Hacer cine también es una propuesta lúdica desde la que
atreverse a romper certezas, a indagar en lo desconocido, a emular los
sueños. Del cine nos valemos para atisbar convencionalmente lo
invisible que aletea fuera de la imagen, quizás en el subconsciente.
Una aspiración a dar forma a lo informe, a creernos hacedores de
mundos. Pero no se trata de contar en imágenes la Historia. Intentamos
sencillamente realizar un ensayo expositivo más propicio a la interacción,
ser más límpidamente el reflejo de aquel espejo, de aquellos
espejos de Stendhal que se pasean a lo largo del camino.
No es esta construcción un invento fantasioso, sino una mirada hacia aquella actualidad compleja que tratamos de comprender. Una experiencia que necesitará quizás de mucho más entrenamiento. Y ahí está, por si otros se animaran a reconducirla. Los espacios museísticos se abren a otra holgura en la comunicación, se desarrollan en un clima más oxigenado; las salas de exposición permiten otra laxitud en la puesta en escena. Resulta esclarecedor reflexionar sobre el estancamiento del viejo espectáculo cinematográfico, sus ritos en relación con los progresos espectaculares de otros campos de naturaleza artística abiertos a una evolución no constreñida por intereses diferentes. La libertad en cine consiste en confiar en la inteligencia y en la sensibilidad solidaria del espectador; allá él, para que se interese o se abstenga del juego, participe en la propuesta, acepte la complicidad o la rechace. Desde mi relativa experiencia sé que el cine resultará tanto más gratificante, y no sólo para el espectador, cuanto más se atreva a olvidarse de toda preceptiva canónica sobre lo que se pueda o se deba hacer. Es una forma de contribuir satisfactoria y libremente a elevar la sinceridad del trabajo. No sé si llego tarde a unos horizontes nuevos que intuyo espléndidos. El cine, mejor o peor, se ha permitido subsistir de una mina que amenaza agotarse y parece necesitar una renovación. Quizás no sea todo una cuestión de economía. Quiero seguir confiando en el espectador colaborador. Basilio Martín Patino
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