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Nueve Cartas a Berta
(...) Nueve cartas a Berta, es, por su repercusión popular y su profundo valor testimonial, por la actitud responsable ante la sociedad española, la película clave de los últimos años. Un techo en cuanto a la libertad con que ha sido concebida y realizada. Sólo la intransigencia, obstinación y firmeza de Patino ha podido conseguir una obra tan coherente. (...)Tanto más un realizador se niega a sí mismo, a favor de los llamados “gustos del público”, tanto más en el vacío cae la obra. Nueve cartas a Berta viene a demostrar la existencia de un público extenso que desea que le hablen de sí mismo y de su país, que está dispuesto a escuchar cualquier voz con tal que se exprese con claridad e independencia.
(...) El camino está trazado.
Carlos Rodríguez Sanz. CUADERNOS PARA EL DIÁLOGO. Abril 1966
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Patino un cine profundo y sincero
El Noveno documental sobre la supervivencia en la región salmantina de costumbres medievales y feudales, y Torerillos, un documental más dinámico, siguiendo la vida de los jóvenes de la misma región que hacen el difícil aprendizaje de torero, practicando clandestinamente en las planicies, a la luz de la luna, con toros jóvenes –siempre escapando de un lado para otro, siempre llenos de sudor y pobres-. Ambas cintas son de una gran belleza plástica y construcción abierta y muy fluida, en las que se revela la preocupación del autor por temas de contenido histórico y sociológico. Fueron estos filmes al Festival de Oberhausen, donde también fue Patino, y obtuvieron una buena recepción en 1963. Ese mismo año el Festival de Londres escogió Torerillos para su selección de los mejores filmes de los festivales mundiales del año, y también editaron un bello poster para anunciar el corto-metraje.
(...) Nueve cartas a Berta representaba por primera vez las inquietudes de un joven español actual entre la familia, la escuela, la religión, los compañeros, el sexo, el profesorado, la sociedad, la política. Todo un análisis de causas y efectos, puntualizado con tal precisión que era en sí un documento. El filme anunciaba lo que poco después acontecería públicamente en España y en Europa sobre la crisis universitaria y los graves acontecimientos que de ella derivarían. De una belleza, elegancia y buen gusto que confirmaba la refinada preparación del realizador tanto en artes plásticas como en pensamiento.
José Francisco Aranda. O COMERCIO DO PORTO. 1973
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(...) Nueve cartas a Berta, por lo pronto fue designada para el palmarés español, pese a los deseos de Luigi Chiarini, -expresamente interesados – de que el filme participara en su correspondiente “Mostra” veneciana, lo que evidencia que, sin estrenar, ha ganado curiosidad, conquistada tal vez por “la valiente originalidad del documento”.
S. P. Junio, 1966.
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(...) Considero a Nueve cartas a Berta como una de las películas más importantes que el cine español contemporáneo nos haya propuesto. Un pequeño cosmos en el que se reconocen innumerables problemas y aspectos de la vida española.
(...) Nueve cartas a Berta es una de nuestras grandes películas irónicas, en la que, a menudo, el realizador muestra exactamente lo contrario de lo que quiere decir.
(...) El mundo que oprime al personaje está, pues, presente en dimensiones llenas de veracidad documental. Todo lo que sus representantes dicen lo hemos oído miles de veces. Y Patino lo mete en su película sin demolerlo previamente, desmontándolo en la simple y escueta consistencia con un personaje vivo y sincero. La película resulta, por todo ello, de una gran riqueza en sugerencias. Y, sobre todo, viene a plantarnos seriamente la presencia de un autor que nos propone una importante reflexión sobre su tiempo.
(...) Sus reiteraciones, y aun su ambigüedad aparente, son elementos importantes y acordes con la sensibilidad que lo informa.
José Monleón. NUESTRO CINE nº 53. 1967
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Nuevo cine y público
(...) Ciertamente, el caso de Nueve cartas a Berta ha sido, en este punto deslumbrante. Cuando yo vi la película por primera vez, pensé que era un excelente trabajo, pero quizá condenado a ser entendido por pocos. Me pareció un filme tremendamente personal, hecho de experiencias que tal vez no afectarían a un amplio sector de público. Cuando lo vi en San Sebastián, la cosa ya resultó distinta: mientras los más viejos abandonaban la sala, entre aburridos e irritados, otro amplio sector del público se quedó y aplaudió con entusiasmo. Luego, mientras unos escribieron paternales pestes en sus crónicas, Nueve cartas a Berta se llevó uno de los grandes premios del Festival. Ahora, la película ha parecido clara a casi todo el mundo. Nadie se ha dejado engañar por el hermetismo y la ironía del filme. La mayoría ha comprendido exactamente lo que Patino quería decir y lo que significaban los personajes de su Salamanca.
Desde los prejuicios de un exhibidor, ciertamente Nueve cartas a Berta no era el filme con más atractivos entre los presentados. Y, sin embargo, según la consulta que hicimos al público, la obra de Patino es la que más convenció (...)
José Monleón. NUESTRO CINE nº 60. 1967
Patino es la sinceridad, la exactitud, la sensibilidad manifiesta de una extraña mezcla de ternura y crueldad.
Miguel Porter. DESTINO. 1966
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Pensada, trazada, construida, con una compleja arquitectura, que ofrece una infinidad de perspectivas, en sucesivas lejanías. Esta duplicidad da lugar a un fenómeno de espejismo: su primera visión nos proporciona esa impresión de sencillez, pero conforme se la ve más veces va revelando una enorme riqueza, que parece no agotarse nunca. Aquella fragancia primera y esta riqueza, largamente descubierta, son para mí las grandes cualidades de la película.
(...) Construcción sumamente pensada, extraordinariamente inteligente, forma narrativa y visual adecuada, a lo que se quiere decir, a las numerosísimas sugestiones que se abren ante lo que se dice.
(...) Y la ciudad labrada, milenaria, tan hermosa por todas partes, en sus monumentos y en sus arrabales, en su campo y en su río, que es así de bella porque es vieja, cuando el muchacho quisiera que fuera también nueva.
Todo, ese universo y esos personajes, están vistos con un gran amor, con un inmenso afán de comprensión. No hay acritud, ni violencia. Hay algo mucho más irreparable, contra lo que el muchacho no puede luchar: la falta de fe en todo aquello, algo que se ha roto definitivamente en aquel viaje al extranjero, y que no podrá reparar jamás.
(...) Al fin, el muchacho se entrega, en uno de los finales más sencillos, puros, poéticos que se han hecho en el cine español.
(...) Creo que pocas veces se ha utilizado las formas del cine moderno con más sencillez, precisión, justificación y hondura que en esta película, con tal discreción, que parece plenamente clásica. Esas cartas, que se suceden, tienen verdaderamente la intemporalidad de lo que acontece en el espíritu del muchacho, la intemporalidad de los sueños y de lo imaginario. Porque son más que realidad concreta, deseo e imaginación: ensueño.
Manuel Villegas López. EL NUEVO CINE ESPAÑOL, San Sebastián. 1967
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Ha ganado en San Sebastián la “Concha de Plata” por la mejor “ópera prima”. Procede de la Escuela Oficial de Cine. Habida cuenta de su juventud, Martín Patino acredita un oficio seguro, una técnica impecable y una inquietud acreedora de los mayores elogios. El cine español ha encontrado otro buen realizador. Aunque sólo fuera por esto, “Nueve cartas a Berta” merecía la pena.
F. Vizcaíno Casas. CINE EN SIETE DÍAS. Junio, 1966
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(...) Nadie sabe lo que el público quiere. Nueve cartas a Berta ha tardado mas de un año en ser vendida a una distribuidora nacional. Temían un estrepitoso fracaso de público. La película se ha estrenado, y el público, no solamente ha llenado los dos locales en que el film se proyectaba, sino que aplaudía al final de cada proyección. El distribuidor desconcertado se pregunta qué es ahora, aquí, en este momento, “cine comercial”. O lo más seguro, el vendedor se ha quedado retrasado muchos años con respecto a la mentalidad del comprador.
PRENSAGRAMAS. Marzo, 1967.
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PUBLICIDAD 1967
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_ ¿A qué va la gente al cine?
_ A pasar el rato
_ ¿De qué rato me habla usted?
_ Y usted ¿de qué gente?
Nueve cartas a Berta ha batido los récords de asistencia de los últimos diez años en los cines Pompeya y Palace de Madrid. Un público atento e identificado aplaude diariamente “Nueve cartas a Berta” desde el día de su estreno.
El éxito de esta película de Basilio Martín Patino ha demostrado que “hay gente” en España en cantidad suficiente para “hacer la taquilla” de un cine real, sincero y sensible.
NUEVE CARTAS A BERTA
Berta responde
Desde las primeras proyecciones en San Sebastián –donde obtendría la Concha de Plata-, siempre que se hablaba de Nueve cartas a Berta se planteaba el temor a su eventual falta de comercialidad. La película se ha estrenado en Madrid, simultáneamente en dos locales y se agotan las localidades desde el primer día... Patino, el autor, había visto muy claro lo que podría ocurrir con su filme en unas inteligentes declaraciones publicadas en el número 52 de la revista especializada “Nuestro Cine”.
(...) No hay más remedio, después de estas notas, que volver sobre el resultado económico de la película. Que partiendo de los supuestos sobre los que ha sido concebida y realizada, con un lanzamiento inteligente en el que ha colaborado el propio director, el público haya respondido como lo ha hecho y como puede seguir haciéndolo.
César Santos Fontenla. TRIUNFO. 25 de marzo, 1967
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La evolución del público
Nueve cartas a Berta ha pasado con éxito el cabo del Domingo de Resurrección. Es un filme “comercial”. El éxito no está determinado por un público estudiantil. Ese ya lo ha visto, pero la película sigue en cartel. Lo ve también otro público “de mayores”. Y le gusta. Se ha comprendido que “el cine español” no es sólo el folklórico. El éxito de Nueve cartas a Berta está accionado por ser “rabiosamente española”. Patino opera con unos personajes “españoles”. Y se eleva de la anécdota para indagar en una realidad “española”. Creo sinceramente que todo esto no habría sido posible hace unos años. Es que el público ha cambiado.
Alfonso Sánchez: HOJA DEL LUNES. 3 de abril, 1967
(...)Las cartas de Lorenzo que, en último término, se escribe a sí mismo (más adelante trataremos de analizar lo que significa Berta) están dictadas por un afán, doloroso y débil, impotente y lleno de añoranzas, a la vez que culturalmente profundo (no hay que olvidar el prisma “generacional” con que está planteada la película; no sólo a través de una contraposición entre padres e hijos, sino también diferenciando una serie de generaciones de universitarios posteriores a la de Lorenzo), de recuperación. Lorenzo quiere “comprender”.
Lorenzo (ya que no Patino) soportará con paciencia el microcosmos agobiante de su familia, se sentirá desazonado por el fracaso de su padre, por las preocupaciones marchitas de su madre, por la mezquindad irrespirable de tantas inquietudes nimias que esconden los verdaderos problemas (“no gastes luz”, “abrígate”, “vuelve pronto”, etc). Lorenzo intuirá apenas las causas últimas (históricas, psicológicas, estructurales) de la insuficiencia familiar. Lorenzo, al mismo tiempo, sigue necesitando a su madre, se encuentra muy a gusto en el campo, con su tío cura, se alegrará de que su padre vaya a esperarle al autobús.
Lorenzo, frente a la religión, se escapará de los Ejercicios Espirituales y, a veces, no irá a misa los domingos, a la vez que espera en la existencia de un Dios bueno, que cree posible la ambigüedad de la expresión de un “cristianismo auténtico”, como solución añorada de una educación religiosa basada en el terror y en una moral de represión.
Lorenzo, sentimentalmente, creerá que ama a Berta, al mismo tiempo que continúa con su novia rica y próxima; actitud contradictoria, no, por supuesto, desde el prisma bienpensante de la “fidelidad”, sino en la medida que, ni siquiera dentro de sus veleidades de romántico provinciano, es capaz de una actitud decidida y clara.
Lorenzo, en su ciudad, pensará encontrarse en el centro de una inviolable y añeja cultura. Se emocionará recordando “que por allí pasó el Lazarillo de Tormes”, al mismo tiempo que es capaz de degustar las delicias de un domingo compuesto de una buena comida, con café, copa, puro y “partidita” en el casino.
Lorenzo, con sus amigos de facultad, hará el papel del muchacho preocupado, introvertido, inquieto, pero sus gustos, sus decisiones nunca se diferenciarán esencialmente de las de Benito (con su Julita que no le hace caso, con su catarro, con su chorizo que guarda en la pensión, probablemente junto a un montón de pastas metidas en una caja de zapatos), de las de los “tunos” (Lorenzo irá un poco a regañadientes, pero irá, como ellos, a hacer el siniestro número benéfico en el pueblo vecino) e, incluso, de las del profesor adjunto (con su trato directo y “abierto” para con los alumnos, con su conmemoración de Machado en la pared, con su inoperancia en todo lo que no sean palabras).
Patino ha expuesto este juego de continuas contradicciones, no contentándose con describirlas, apuntando, en un difícil equilibrio siempre matizado, lo que ve Lorenzo y, también, lo que al personaje se le escapa.
En el ambiente familiar, Patino subrayará la [patética y cerril] conmemoración de los alféreces provisionales, mediante una panorámica de 360º, que muestra las caras (unas, viejas; otras, emocionadas; todas, deseando una gloria guerrera irrecuperable), las banderas, la ceremoniosa y fría mecánica del acto, [tendente a mantener un rescoldo de patriotismo viejo que sirva de consuelo sentimental de una decepción nacional, incluso para muchos de aquellos que lucharon para restablecer el actual orden de cosas]. De igual modo, Patino ha valorado con inteligencia el personaje de la abuela, testigo mudo y chocho a la vez que símbolo crudísimo de la situación de la familia: vejez, fracaso, unos ojos que no son capaces de ver, un cuerpo que es incapaz de dar dos pasos sin tropezar.
Respecto a la situación religiosa, Patino aísla al cura que dirige los Ejercicios Espirituales en un primer plano, mientras éste habla de los peligros de la ciencia, del saber intelectual, consecuencia directa de una educación religiosa, de una actitud que se mantiene idéntica a las más oscuras épocas del colegio, aunque venga envuelta en una capa de camaradería, aunque al cura en vez de Padre se le llame “Pater”.
Patino, respecto a la actitud de Lorenzo con la ciudad, indica la momificación de las piedras, las alabanzas simplificadas del catedrático exilado sobre el “remanso” que Salamanca supone, al mismo tiempo que muestra el ambiente del casino, su inmovilidad, sus sillones de cuero polvoriento en donde se sientan personas mediocres aburridamente interesadas por el partido de fútbol que, desde el televisor, preside sus tardes.
Existe, pues en el film, continuamente, este doble nivel de afán de recuperación del personaje y de lucidez del realizador que complejiza la debilidad de Lorenzo, su conformismo profundo, su necesidad biológica de seguir inmerso, participante activo, de todo aquello que contempla con cierta blanda conciencia.
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Nueve cartas a Berta sirve también (y he aquí el otro elemento primordial del filme), como prisma, como punto de referencia, como caudal de reflexión para las dos generaciones siguientes de universitarios. Para aquellos que, inmediatamente después de Lorenzo, han preferido Joyce a Unamuno, han olvidado a Ortega para interesarse por el teatro de vanguardia, han incorporado una metodología [marxista]que sobrepasa, no hay que decirlo, la brillantez y la insuficiencia de Madariaga.
Aquellos que han tenido que buscarse una cultura a retazos, aquellos que ya no creen que la actitud ante la religión (aquí) se resuelve en añoranzas por un Dios bueno. Aquellos que no pueden ya sentir ante las instituciones familiares otra cosa que rencor. Aquellos Lorenzos posteriores que han visto, que ven cómo el conformismo no puede disfrazarse ya con citas literarias, cómo el conformismo de tantos compañeros suyos se plantea, de una forma abierta y estridente, en términos absolutos de renuncia, de pacto manifiesto.
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El film de Patino actúa como perspectiva dentro de su concreción histórica. Permite reconocer cómo, pese a los múltiples cambios producidos en la psicología del universitario, pese a las muy diferentes e incluso opuestas, tensiones culturales, pese al mayor “grado” de “posibilidades” de que disponen ahora con respecto a Lorenzo, las situaciones estructurales, las instituciones básicas permanecen incólumes, más reafirmadas si cabe a través de apariencias de participación colectiva, [a través de una liberalización externa (se publican las obras de Lukács, se estrenan en Madrid en la misma temporada dos oras de Brecht, etc), pero con una última ramificación perfectamente controlada, que puede sembrar la confusión al hacer inútiles las formas de resistencia, al mismo tiempo que los módulos de afirmación propia se irán, se van haciendo más radicales, más, al tiempo, claros y crispados].
Hay que decir que esta riqueza de perspectiva puede verse desdibujada en la representación que hace Patino (lo más endeble, creo, con gran diferencia, de su película) del “núcleo intelectual” de Madrid, desdibujado e impreciso en su intento de resumen de otras actitudes “generacionales”
El éxito de público de Nueve cartas a Berat demuestra hasta qué punto es posible, es necesario, un cine rico de sugerencias; hasta qué punto también esta capacidad de reflexión encuentra en los espectadores una receptividad ávida, cuando a través del “cómo” ocurren las cosas se aspira a apuntar también a los “porqués”.
Álvaro del Amo. Extractos del comentario escrito para NUESTRO CINE nº 62. Junio, 1967
Nota: lo señalado entre corchetes fue censurado por la propia revista.
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(...) Basilio Martín Patino ha hendido de tal forma en esa carne de su generación universitaria, que no sólo ha logrado su propósito, sino que su obra quedará como una auténtica vivisección de su época y sus gentes.
El filme de Basilio Martín Patino que tal vez esté divorciado de eso que aquí llaman espectáculo, supone, por el contrario, un ejercicio moderno, escrito con gran belleza, al que podemos considerar como el análisis de una vida –mejor, de muchas vidas-. La rabia del autor está metida aquí en muchas cosas, pero también el dolor y la tristeza. Y será difícil que alguien que haya vivido, aunque sea de lejos, los problemas de los universitarios “de provincia”, no quede conmovido ante este verdadero espectáculo que se nos ofrece repleto de aciertos cinematográficos.
Ricardo Muñoz Suay. FOTOGRAMAS. 1966
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Nueve Cartas A Basilio Martín Patino
1.- Quiero darte las “gracias” por tu primera película, en nombre de muchos otros Lorenzos desparramados por nuestra geografía, de muchos jóvenes que, ante tu filme, se han emocionado, han sufrido y tal vez les ha servido para descubrirse o conocerse mejor.
2.- Porque pienso que Nueve cartas a Berta con sus virtudes y defectos, es la más sincera y pura muestra del cine español; ese nuevo cine, autodidacta y heroico(...)
Mr. Belvedere. FOTOGRAMAS. 19 de marzo, 1967
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Elogios a la película Nueve cartas a Berta en Buenos Aires
Nueve cartas a Berta “es la obra más sincera, emocionante y personal que hemos visto” dice hoy el cronista cinematográfico del diario “La Prensa” de Buenos Aires, al referirse a esta película española exhibida en la muestra paralela que se efectúa en Mar del Plata, en el ámbito del IX Festival Cinematográfico Internacional “se trata de una de las películas más importantes y sutiles que se han hecho no sólo en España, sino en todas las latitudes en los últimos años.
Refiriéndose al director de la película, Basilio Martín Patino, afirma el autor del comentario que se muestra en posesión de un lenguaje cinematográfico sólido, señalando que maneja con sobriedad los elementos de una poesía profunda y emocionante y renueva los procedimientos de contrapunto audiovisual en la superposición de las imágenes y el comentario verbal fuera de cámaras.
EFE. Buenos Aires. MADRID. 15 de marzo, 1968
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La realidad española en el cine
(...) En los últimos años, unos cuantos directores empiezan a destilar en sus películas fragmentos de la realidad de España. La primera de Basilio Martín Patino, Nueve cartas a Berta, representa de una manera decidida la voluntad de hacerlo así.
(...) Salamanca está presentada con veracidad y eficacia; la belleza de la ciudad –sin excesiva insistencia-; la vida universitaria; el detalle de lo cotidiano –tiendas, bares, carteles, calles-; el mundo social, rutinario, angosto, lleno de monotonía y vulgaridad, opresivo en algunos momentos y a pesar de ello entrañable. Patino ha sabido buscar y mostrar toda una serie de elementos sumamente reales, tipos, pequeñas escenas, rincones, apuntes brevísimos, llenos de verdad, excelentes materiales para hacer una admirable película de la cual ésta puede ser el anticipo.
(...) Esos elementos, esos apuntes brevísimos, esas caras llenas de expresión –pocas veces alentadora-, son parte de España, que en esta película se asoma a nuestras pantallas, sustituyendo a la frecuente convención o a la falsedad pura y simple. Patino, además, ha tratado de articular esa realidad visual en la trama de una vida, la de Lorenzo, que es, sin duda, una de las maneras como se puede ser joven en la España actual. Sólo esto obliga ya a estimar su película.
Julián Marías. GACETA ILUSTRADA. 19 de marzo, 1967
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