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Arcángeles con espadas Hace algunos años la prohibición de Canciones para después de una guerra condenó a Basilio Martín Patino a trabajar en la sombra. Hoy, cuando todos sus trabajos de esta época han podido al fin ver la luz, vemos cuán enriquecedor puede ser marginarse de una industria dirigida, manipulada, muerta. Echar luz sobre la guerra civil (...) Del sigilo y el cuidado con que se realizó Caudillo nace, precisamente, uno de sus alicientes, la utilización de material de archivo de cinematecas extranjeras. La película aporta un excelente material inédito sobre un periodo fundamental de nuestra historia. A pesar de su título, estamos ante un producto que se acerca más a un contexto que a un personaje. Patino no ha pretendido nunca hacer un análisis exhaustivo de los orígenes y de la personalidad de Franco, sino que ha querido ser testigo del horror de una tragedia que enfrentó a unos españoles contra otros. Por encima de todo, la sangre, la muerte y la destrucción. Para Patino, “una vez más una España se alzaba contra la otra invocando los más sagrados principios...” Festival Internacional de Cine de Berlín El pasado domingo se proyectó, con carácter de estreno mundial, la última película de Basilio Martín Patino, Caudillo. Con ella el realizador de Canciones para después de una guerra aporta, a nuestro juicio, un espléndido documento para la mejor comprensión de la vida de quien por más de cuarenta años gobernó nuestro país. Sin demagogia (...) Patino va describiendo las distintas curvas de interés(...) A pesar del tono controlado de la exposición Caudillo es un filme épico, crítico y didáctico. El palpitar del pueblo español, la defensa de su libertad y de su destino quedan patentes a lo largo de esta obra que ofrece una lección magistral de lo que el cine debe al montaje, sin lo cual no sería lo que es. De esta manera sobrepasa las características de un filme-documento, para convertirse en una obra de arte. (...) Autocaricatura Si lo más decisivo que hizo Franco en la vida de los demás fue ganar la guerra (es, al menos hipotético, otro modo de acceso al poder, para después mantenerlo), y si casi todas las derechas han aceptado durante décadas su identificación con el régimen de Franco y con el calificativo de “franquismo”, el título “Caudillo” de esta película -que no es biográfica- está justificado. Porque no es sólo la figura de Franco (antes y durante la guerra) el objeto de la película de Patino. Con un material documental riquísimo, Patino hace una doble exposición de motivos. Rescatar el sentido de las imágenes (...) “La película fue para mí –declara Patino a una revista madrileña- la necesidad de conocer la guerra civil. Más que una película sobre Franco, que sería origen del terror y la violencia. Y la hice como reto liberador, cuando creí que debía hacerla, en plena vida del dictador, para sentirme vivo, porque ya experimenté una vez hacer cine con miedo y prometí no volver a dejarme avasallar”. Un cierto momento histórico (...) Sólo por la recopilación de documentos auténticamente sorprendentes que ha logrado reunir, la película de Patino tendría ya de por sí un interés excepcional. (...) Pero resulta obvio que Patino no ha querido hacer obra de historiador, sino de “recuperador” del clima de un cierto momento histórico –como ya había hecho en Canciones para después de una guerra- a través de imágenes elocuentes, desgarradas, absolutamente conmovedoras. Caudillo es un acierto total. Marco para la interpretación (...) El problema de las películas de Martín Patino es que a uno le gustaría verlas en su casa, en un proyector propio, donde se pudiera parar, retroceder y repetir para captar al detalle los mil y un puntos concretos, no especialmente principales, que se captan en el fondo. Naturalmente, los hechos que se narran se prestan a una subjetividad no sólo del propio autor, sino del propio receptor, y aunque los marcos de interpretación son más limitados que en Canciones..., caben diferentes emociones. Lo que no cabe duda es que, pese a la crueldad y falta de humanidad de los hechos, la película está llena de humanismo (...) Sánchez Agustí. LA VERDAD DE ALICANTE. 24 de noviembre, 1977 “Caudillo” (...) Frente a la última película de Basilio Martín Patino, lo primero que hay que hacer es descubrirse y respetar muy profundamente la constancia, la fe, el esfuerzo de su director por encontrar el apasionante material con que ilustra su película, en tiempos aún más difíciles que los que vivimos: aquellos en los que Franco, aún vivo, seguía controlando y dominando la realidad oficial española. Que, en ese ambiente y esas circunstancias, Patino se empeñara en recrear críticamente una biografía de Franco como representación omnipotente de la España de estos cuarenta años, es algo que tiene forzosamente que dejarnos perplejos y admirados. Pocas veces el cine español ha cumplido más valerosamente su misión de testimonio y vanguardia. La epopeya Aunque se trata de un documental, la película abarca varios géneros: algunos discursos, como el de Queipo de Llano en Sevilla, auténticas piezas de humor. No falta el romanticismo, a cargo de las Brigadas Internacionales. La comedieta cómica se lleva muy airosamente en aquellas primeras escenas familiares que se rodaron en El Pardo. La tragedia se da en unos pocos planos de Guernica. Y la comedia musical, muy vistosa, por cierto, llena de banderas y trajes bonitos, la interpreta la Falange. Luego está la epopeya, la auténtica y terrible epopeya de un pueblo entero que sufrió y murió heroicamente, sin tener culpa real de todo aquello. _____________________________________________ Contra la cruzada de la muerte, el ejército de la vida (...) Caudillo de Patino, constituye, a mi juicio, la verdadera mirada lúcida de este realizador; el inteligente análisis de la personalidad autoritaria, que para no caer en la paranoia de sus propios fantasmas, es capaz de desdoblarse esquizofrénicamente, transfiriéndole a medio pueblo la responsabilidad de brazo ejecutor del otro medio, como si fueran mandatos “necesarios”, caídos del cielo, del que él, mero sagrario de la ley, sólo era testigo paciente. ¡Hay personajes en la Historia que sólo en fotografiarlos radica su esperpento! A los que piden mayor compromiso, más revancha, más inquina, más partido, habría que decirles que contra la Cruzada de la muerte sólo hay el ejercicio de la vida; que no, que no podemos caer, como dice el mismo Patino, en la “fe púnica”; que al enemigo “que sabe”, sólo se le puede ganar con el amigo “que siente”, y lo demás sería caer en el lenguaje de las armas. CONFIDENCIAS DE UN CHORIZO (...) (¿Fuiste a ver la película Caudillo, como te ordené?) Repantingado en la butaca y comiendo pipas, como debe ser. Es una estupenda película para ver en un cine de barrio, para comentar en voz alta las peripecias de la pantalla, para insultar al malo de la peli y avisar de los peligros a lbueno, piropear a la chica, tatarear la música, etcétera. Lo pasé de cojón de mico. (¿Es cierto que el público insulta a los personajes de la película, al Caudillo y a su familia, a Fernández Cuesta, a Serrano Sunyer, a Sánchez Mazas... (A todos. No dejan títere con cabeza. Inolvidable espectáculo, increíble. Había dos filas delante de mí un sujeto que se puso morado de llamarle cabrón al Fernández Cuesta, era un obrero de Hospitalet, y se tronchaba de risa y la risa y la tos se le enredaban con los insultos cuando la vieja tortuga falangista suelta aquel discurso de imperial retórica con el que saluda a Franco llamándole Alejandro Magno, César y no sé cuántas cosas más. Regocijantes, los comentarios del anónimo espectador.
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