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CASAS VIEJAS
EL GRITO DEL SUR: CASAS VIEJAS
(...) Gèrald Collas, productor en el Instituto Nacional del Audiovisual (INA) llevó la astucia hasta programar, en los Etats généraux del film documentaire, cuya novena edición se celebró este verano en Lussas (Ardéche) en un seminario titulado “Los archivos convocados, la prueba de la verdad”, una película llamada El grito del sur: Casas Viejas. El proyecto del realizador Basilio Martín Patino consistía en dar cuenta de la rebelión, en la España republicana de 1933, de campesinos andaluces de ideología fuertemente anarquista. Pero de este episodio –tan célebre para los españoles como los bombardeos de Guernika- no queda ningún rastro visual.
Al constatar esta carencia, Patino cambió –si se puede decir- su fusil de hombro. Los archivos que cruelmente le faltaban, los fabricó sencillamente. Inventó un documentalista británico, que habría rodado en cine mudo, con la cámara al hombro, los intercambios de disparos entre la familia de agricultores rebeldes y la Guardia Civil. Creó, con todas sus piezas un equipo de la Soyuz-Kino Soviética al que no se le escapó ningún detalle del combate, con un único operador dotado de un sorprendente don de ubicuidad, presente en todas partes a la vez, con una sola cámara, tan pronto en el lado de los oprimidos como en el de los opresores. En suma, todo era falso, a excepción del propio acontecimiento.
La proyección de Casas Viejas divirtió seriamente a Jean-Louis Comolli, documentalista emérito y profesor de Cine, que desde hace varios años teoriza sobre lo tenue que es la frontera entre lo verdadero y lo falso. “Por su evidente fuerza, explica, las imágenes nos captan inmediatamente y producen, indefectiblemente, un efecto de verdad. Pero la verdad es siempre una construcción. Todo en el cine, incluso la menor banalidad, se convierte en ejemplar y por eso sitúa sistemáticamente al espectador en la ejemplaridad. Tomemos Carta de Siberia, de Chris Marquet. Market filma la reparación de un camino, pero lo acompaña de tres comentarios, de tres sentidos diferentes”.
Edgar Roskis. “La manipulación de los archivos. Mentiras del Cine”. LE MONDE DIPLOMATIQUE. 28 de noviembre, 1997
(...) Nunca de una manera tan sutil y a la vez tan directa, tan evidente, Patino ha propuesto el problema de la falsificación. Nos creemos que los documentos son verdaderos, o al menos verosímiles como tales, porque adoptan fórmulas de mostración históricas a las que nos hemos acostumbrado, porque las mimetiza. Aceptamos la apariencia de documental de actualidades de todo el programa porque tiene que ver con formas de hacer cine conocidas. Y porque se trata de un hecho que realmente ocurrió. Se plantea que es posible falsificar la Historia porque toda falsificación se apoya en la lógica de lo verosímil.
(...)La manipulación de imágenes, la creación de una “realidad virtual”, la posibilidad de producción masiva de pruebas falsas nos trae de nuevo hasta los orígenes de los que hablaba Rondolino. La distinción entre documental y ficción, entre verdadero y falso, deja de ser un criterio válido. Con la evolución del mundo real hemos abolido también, y definitivamente, el de las apariencias, que diría Nietzsche. La Historia, con la televisión, amenaza con dejar de ser un discurso o un relato que se hace, al estilo del historiador-sabio de Ricoeur, mediante una relación de uso con las huellas: a partir de ahora, el valor de verdad de las huellas queda disuelto en el valor utilitario, en las bellas mentiras del discurso, en la pura y mágica fascinación del chamán electrónico. (...)
El hombre se queda solo en un tiempo televisivo sin referentes sensoriomotores, sin pasado creíble, en una nueva prehistoria. Se trata, quizá, de inaugurar una nueva relación con lo real, con lo humano, que supere las categorías del sí y el no, lo verdadero y lo falso. Patino, como historiador-filósofo que se dirige al espectador, que es un historiador-sabio que construye colectivamente el relato de su Historia, propone otra relación con la huella fuera de la relación de uso para construir el relato histórico, que quizá consista en abandonar lo narrativo como creador de verdades históricas, en la abolición del pasado como realmente pasado y muerto, en abrazar la paradoja.
Fernando González. “Basilio Martín Patino: pensar la Historia”. FILMHISTORIA. Volumen VII. Nº2. 1997
(...) Todo un juego de perspectivas y de formas estéticas, apariencias de verdades que nunca pudieron ser captadas, pero que nos ilustran sobre otras realidades más profundas y sobre la representación audiovisual de la realidad.
Para evocar la realidad Patino apuesta por huir de la reproducción fotográfica para refugiarse en la invención y en la manipulación intencionada de los hechos, creando un discurso donde se confunden la realidad de la ficción. Aprovecha la invención de personajes y situaciones para profundizar en la historia real. En toda la serie, el engarce entre ficción y documental es tan sutil que conforme avanza el relato, da igual que lo que muestre sea o no cierto, porque todo, ficción y documental, parece contaminado por su opuesto. La distancia entre ficción creativa y objetividad histórica es muy leve.
Casas Viejas trata el tema, siempre presente en las películas de Basilio Martín Patino, de la relación entre individuo e historia, verdad y ficción. Rodada en soporte tradicional y video, el documental y la ficción se dan la mano. La realidad se transforma en ficción a partir de materiales dispares. Se presenta como una propuesta heterodoxa en la que la falsificación e historia marchan juntas. El historiador no es sino un falsificador que utiliza los datos del pasado para construir justificaciones de determinadas concepciones del poder. El objetivo es que la historia cumpla la función que se espera de ella como legitimadora de lo existente.
(...) La única manera de que la cultura no se vea atrapada por su complejo pasado es que éste y el presente se comprendan en toda su complejidad y sirvan de fundamento para proseguir construyendo con espíritu inquisitivo, atrevido e innovador.
Desde su particular concepción del discurso cinematográfico el cineasta salmantino reflexiona sobre la necesidad de impulsar nuevas formas de tratar la realidad ante la “crisis de formas” que experimenta el cine en la actualidad. El cine tal y como está concebido se ha convertido en un mundo cerrado de fórmulas repetitivas, una religión que ha cumplido su misión y que tiene que experimentar nuevos cambios ante la influencia que ejerce el lenguaje televisivo y las nuevas tecnologías.(...)
Santiago Eraso Beloqui. Tolosa, 21 de marzo, 2000
(...) La desconocida y reencontrada filmación de un equipo de cineastas soviéticos (censurada luego por las autoridades comunistas) y las imágenes de un operador británico (miembro de la escuela documentalista inglesa), se mezclan en El grito del sur con el rodaje ficcional del propio Patino, artífice real a su vez de las dos cintas anteriores, para dar cuerpo a una sorprendente reconstrucción de la barbarie perpetrada por la Guardia Civil en Casas Viejas durante la República. Fotos y documentos auténticos de la época, comentarios de los supervivientes, falsos testigos de los hechos, historiadores que ofrecen versiones distintas, más el supuesto director de una filmoteca inventada, interpretado por el director verdadero de una filmoteca real, se dan cita en esta ficción de cimientos históricos.
Temas de evidente interés historiográfico (el reparto de la tierra, el hambre, el paro, las revueltas sociales, el grito de la lucha anarquista, la represión sangrienta, las consecuencias sobre el devenir posterior de la República) saltan a primer término como objeto del discurso narrativo de este engañoso documental en el que, teóricamente, Patino confronta dos maneras de entender el testimonio cinematográfico de carácter histórico: la ficción elaborada (la película de montaje al modo soviético) y el cine documental (a la manera británica de Grierson). Claro está que el verdadero objetivo de la propuesta no se limita ni a la ingenua y vana pretensión de reconstruir la verdad histórica de los sucesos, ni –menos aún- al alarde de erudición cinéfila. (...)
Un nuevo juego dialéctico de perspectivas y de formas estéticas en busca de un debate sobre la representación audiovisual de la Historia y sobre la fiabilidad de ésta. Diferentes verdades y apariencias de verdades que nunca pudieron ser filmadas toman el lugar de la crónica histórica, disfrazan su naturaleza ficcional y se presentan como documentos cinematográficos. La ficción construida así por Patino tiene la gran virtud, sin embargo, de movilizar la reflexión y de situar nuevamente a la historia como discurso y como representación, como puesta en escena –en este caso- de un discurso estrictamente fílmico.
Carlos F. Heredero. “LA HISTORIA COMO REPRESENTACIÓN Y EL ESPEJO APÓCRIFO”. ARCHIVOS DE LA FILMOTECA nº30. Valencia. Octubre, 1998
(...)Este montaje interno revela la dimensión compleja de todo el proyecto. No estamos sólo ante un falso documental que funciona mediante ironías y pastiches, sino frente a una empresa de mayor envergadura que pretende reproducir literalmente la urdimbre de nuestros sueños.
Desentrañar donde reside lo verdadero y donde lo falso en esta obra de Patino es prácticamente tan difícil como intentar dilucidar que hay de verdadero y de falso en los recuerdos. Del mismo modo que sólo un ejercicio de racionalidad puede poner orden en el conjunto de hechos, ambigüedades y emociones que forman la memoria, también se precisa una rigurosa hermenéutica para desbrozar los múltiples niveles que moldean esta película del director salmantino.
(...) En Andalucía, un siglo de fascinación, Patino va mucho más lejos que en La seducción del caos. La mirada personal de un determinado personaje que engarzaba el proyecto anterior, ha desaparecido en estos episodios sobre el imaginario andaluz y en su lugar se instala una versión muy peculiar de esa mirada omnipresente tan típica del documental clásico (la modalidad expositiva de Nichols), mezclada con las técnicas del llamado documental interactivo. La mirada distante, matizada, o mestizada, por un sinfín de recursos dramatúrgicos, diluye los puntos de referencia y provoca un espejismo que, a la vez que es fascinante no deja de provocar inquietud. (...)
Joseph M. Catalá. IMAGEN, MEMORIA Y FASCINACIÓN. Notas sobre el documental en España. Festival de Cine Español de Málaga. 2001
(...) La capacidad de este director para mimetizar dos formas tradicionales del testimonio cinematográfico de carácter histórico y asumir sus distintos modelos de narración, desplaza el sentido de estas falsificaciones hacia el interés por desvelar el artificio consustancial a cualquier forma de representación fílmica. Lo importante no es tanto la existencia de un referente perteneciente al ‘mundo histórico’ como las diversas estrategias discursivas que se ponen en juego a la hora de convertirlo en un relato audiovisual.
(...) A pesar de que esta manipulación de la Historia puede parecer deshonesta porque atenta contra la verdad, o lleve a pensar que esta obra es una mera especulación sin otro sentido que cierta provocación la intención de Patino no es esta. Lo que le interesa no es el rigor científico, sino más bien encontrar la forma discursiva que le permita plantear determinadas reflexiones y hacer al espectador partícipe de una serie de interrogantes que sobrepasan los límites de una crónica histórica al uso. Al plantearse el tipo de discurso fílmico más conveniente para relatar los sucesos de Casas Viejas, Patino no puede dejar de cuestionarse la manera en la que la Historia se ha ido convirtiendo en un ‘relato’ del pasado, asegurando así su transmisión y convirtiéndose en una parte verosímil de la memoria social.
(...) La eficacia del ‘efecto documental’ borra las huellas de la enunciación y la exposición de hechos pretéritos parece estar exenta de toda subjetividad. Es precisamente sobre la fiabilidad, sobre el ‘valor documental’ que generalmente se les otorga a los documentales, sobre lo que Patino duda y hace dudar al espectador: El grito del sur: Casas Viejas no trata de ofrecer una revisión histórica definitiva de los sucesos, sino una reflexión crítica que da cuenta de las posibles lecturas e interpretaciones que pueden hacerse de los mismos y de los distintos criterios que guían los discursos fílmicos presuntamente objetivos que nos los muestran. Y es que, en palabras del propio Patino: “Si algún día hubiera de utilizarse el cine como gran testimonio del siglo XX no será por la credibilidad de lo que llamamos documentales cinematográficos. El conocimiento del siglo habrá que buscarlo en las películas de ficción que objetivan más fielmente las conductas y problemas del tiempo”.
(...) En trabajos como El grito del sur: Casas Viejas –que falsifican sus referentes, aunque tengan una apariencia similar a la del documental convencional o al reportaje-, el pacto que se establece con el espectador es de una naturaleza distinta. No tanto porque traten de engañarlo, sino porque hacen extensible esta falsedad a otros muchos films, construidos bajo los principios de objetividad, transparencia y veracidad.
(...) Después de ver El grito del sur: Casas Viejas, el espectador sabe algo más que antes sobre el levantamiento de los campesinos de Casas Viejas y su posterior represión. Conserva así el trabajo de Patino una dimensión reflexiva y dialéctica, que no entorpece la coherencia y legibilidad de su discurso. Esta actitud supone un respeto poco habitual por parte del director hacia el receptor de su obra, dando lugar a una comunicación más adulta en la que el espectador tiene, en definitiva, la última palabra.
Ana Martín Morán / “La reescritura del pasado en El grito del sur: Casas Viejas” .- CUADERNOS DE LA ACADEMIA nº 9. Junio, 2001
BIBLIOGRAFÍA SOBRE EL GRITO DEL SUR: CASAS VIEJAS:
.- BASILIO MARTÍN PATINO: UN JUEGO DESDE LA LIBERTAD, Archivos de la Filmoteca, nº 12. Valencia.
.- FERNANDO GONZÁLEZ: “Basilio Martín Patino: pensar la Historia”, Film-Historia, Vol. VII, nº2. 1977, pp. 141-160
.- JUAN MARÍA CASADO: “Andalucía, un siglo de fascinación”, El siglo que viene, nn35-36, pp. 4-8
.- MIRITO TORREIRO: “La ¿historia? De Andalucía, según Basilio Martín Patino”, El Viejo Topo, Septiembre 1998, pp.58-60
.- CARLOS F. HEREDERO: “La historia como representación y el espejo apócrifo”, Archivos de la Filmoteca nº 30, Valencia, octubre, 1998, pp.157-169
.- ANA MARTÍN MORÁN: La reescritura del pasado en El grito del sur: Casas Viejas de Basilio Martín Patino. Cuadernos de la Academia, nº 9. Junio, 2001
.- JOSEPH MARÍA CATALÁ: IMAGEN, MEMORIA Y FASCINACIÓN. Notas sobre el documental en España. Festival de Cine Español de Málaga. 2001
.- MARGARITA LEDO: La mirada documental. Universidad de Santiago de Compostela
.- EDGAR ROSKIS: La manipulación de los archivos. Mentiras del Cine. LE MONDE DIPLOMATIQUE. 28 de noviembre, 1997
.- ANTONIO WEINRICHTER: Subjetividad, Impostura, Apropiación: En la zona donde el documental pierde su santo nombre. Archivos de la Filmoteca nº 30. Valencia, 1998
.- JEAN-LOUIS COMOLLI: Filmer l’histoire. FACE A L’HISTOIRE. Centre George Pompidou. Paris, janvier 1997.
.- ADOLFO BELLIDO LÓPEZ: Basilio Martín Patino. Un soplo de libertad, Valencia, Filmoteca de la Generalitat Valenciana, 1996, p.209
.- JUAN ANTONIO PÉREZ MILLÁN: La memoria de los sentimientos. Basilio Martín Patino y su obra audiovisual .- Semana Internacional de Cine de Valladolid, 2002
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