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OJOS VERDES
De nuevo, la historia imaginaria como espejo apócrifo de la historia real. (...) Por un lado, la historia patética del Marqués de Almodóvar, del orgullo con el que paseaba su pasión folklórica entre los salones del poder y de la decadencia encerrada en las reliquias nostálgicas de su museo particular, de la intensidad con la que vivió su sueño personal y de la ruina económica, de su soledad altiva y de la incomprensión de los suyos, de su triunfo y de su decadencia, de todo lo que creía ser y le hubiera gustado vivir y del papel que jugó en la realidad. Historia y vida de copla en sí misma, a la que tan sólo le falta la música y la letra poética de Rafael de León para convertirse, como tal relato, en una canción más de las que integran el recorrido que se propone.
Por otra parte, la copla y sus estrellas (desde Concha Piquer hasta Imperio Argentina, desde Lola Flores a Paquita Rico) como telón de fondo -verdadero- de una ficción narrativa que recupera la estética y el sentir de una forma de expresión popular situada por Patino en el contexto social, cultural y político que le dio brillo mundano y le permitió el acceso al espectáculo amparado por el poder. Vestigios y huellas de un mundo en descomposición que, lejos aquí de ser absorbidos por un documental de carácter antropológico, aparecen integrados dentro de un divertimento que toma, en su apariencia, la misma forma que las canciones a las que remite.
Carlos F. Heredero. “LA HISTORIA COMO REPRESENTACIÓN Y EL ESPEJO APÓCRIFO”. ARCHIVOS DE LA FILMOTECA nº30. Valencia. Octubre, 1998
Aparte de sus excelencias técnicas, tan evidentes como raras, entre las que incluyo actuaciones inolvidables como las de Amós Rodríguez, José Antonio Blázquez, María Galiana, Carlos Álvarez..., tuvo este exordio una virtud: la libertad sin ira, aquella misma con que se hizo la transición. Ahí es nada, despertar de una sola tacada a todos los demonios de la ambigüedad radical de Andalucía, su “esencial heterogeneidad”, que diría Abel Martín, sin provocar más que a la nostalgia, la reflexión, la perplejidad. Principio del conocimiento. También el perdón estuvo rondando toda la noche. Pero más fuera un bálsamo sobre viejas heridas: la vinculación de la copla con el franquismo –con harto de aprovechamiento de éste-; la canalla de los señoritos, pobres o rumbosos; los ecos del fraticidio. (...)
Desde su trono, indiscutible, Miguel de Molina (en esa joya del periodismo audiovisual que le atrapó Carlos Herrera); perseguido por la mugre fascista y por la envidia hasta las otras Españas del Océano, hasta lo indecible. Otros se quedaron, y se perdieron en el gorgorito del régimen: fueron los aflamencados, practicantes de un género híbrido y transitorio, que ya sólo puede devolvernos la ironía. La copla, en cambio, subsistió en su pureza desgarrada, y encontró nuevos cauces, nuevas voces...
Fue una larga noche de senderos que se bifurcan, más que yendo, huyendo: del pastiche, del kitsch, del revival...
(...) Gracias también a Martín Patino por esta lección, para los que dicen que ya no es posible una televisión de calidad. Pero sobre todo por darnos una imagen legítima, por sincera, de una Andalucía en su proteica, complicada belleza.
A.R. Almodóvar. EL PAÍS ANDALUCÍA. 13 de noviembre de 1997
(...) Ojos verdes traza una vigorosa panorámica del franquismo, en su vertiente “sentimental” y folklórica, mediante un complejo entramado de referencias indirectas, entre las que destacan, por ejemplo, los “tics” clasistas del hermano del marqués –a quien se le escapa la expresión “los politicastros de la República”, que corrige rápidamente- y los malévolos comentarios del diplomático Carlos de Montemayor a propósito de las relaciones de Franco y su familia con estrellas de la canción como Lola Flores, Juanita Reina, Carmen Sevilla y un largo etcétera. En contraposición, puede resultar estremecedor el relato que un Miguel de Molina ya anciano hace de su detención y tortura a manos de conspicuos falangistas.
(...) Es justo reconocer, no obstante, que Patino concede a Rafael de Maura ya al final de Ojos verdes, el privilegio de unos largos minutos para defender su visión de la copla, que “marcó durante la posguerra el techo de lo permisible, precisamente en cuanto a los temas de moral más escabrosos. Ningún otro género llegó tan “lejos” y, en alusión expresa a las creaciones de Rafael de León, “predominan los temas de sexo prohibido, marginado, la prostitución, la homosexualidad encubierta, el adulterio, los amores imposibles, los amores ocultos. Es decir, lo otro. La belleza de lo ilícito y su caldo de cultivo. Aquel clima represivo e intolerante producía una poética en la que se exaltaba a las mujeres perdidas, capaces de enamoramientos excelsos, los más inconfesables amores... ¿Quién protestó de modo más patético que “La otra” contra la España triste e hipócrita, vestida de negro, contra los prejuicios sexuales?”
Juan Antonio Pérez Millán / “La memoria de los sentimientos. Basilio Martín Patino y su obra audiovisual”.- Valladolid, Semana Internacional de Cine, 2002
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