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Canciones para después de una guerra

Queridísimos verdugos

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Los paraisos perdidos

Madrid

La seducción del caos

Casas Viejas

 

Ojos verdes

Silverio y el Museo Japonés

El jardín de los poetas

Paraisos

Carmen y la libertad

Octavia

Homenaje a Madrid

Críticas generales

 

 

SILVERIO


(...) Fiel al principio de ofrecer al espectador materiales diversos para que éste componga su propia visión del asunto tratado, y al interés por fomentar su escepticismo frente a cualquier tipo de ortodoxia, Patino hace que el mito de Silverio Franconetti, aceptado por todos cuando nadie había podido oír su voz, sea defendido a ultranza por los flamencólogos como un tesoro oculto e intocable. Pero ante la simple posibilidad de que esa voz pudiera haber sido grabada y llegue a estar al alcance de los fieles, los sumos sacerdotes de la tribu empiezan a desmarcarse de la tradición sagrada y acaban descalificando al tótem (...) Si a ese sagaz planteamiento se añade el hecho de que la ficción patiniana recurre a un pretexto argumental tan real y omnipresente como la posibilidad de la tecnología japonesa para duplicarlo todo por motivos de competencia comercial, tendremos la justa medida del alcance de esta película aparentemente menor. Y, sobre ese trasfondo, reaparece con fuerza uno de los temas que atraviesan de un extremo a otro su filmografía: se pueden reproducir los hechos, los datos, las voces, la luz... Pero ¿qué ocurre con los sentimientos?
A este respecto, el film pone en boca de distintos “expertos” o del propio Eikichi afirmaciones y dudas que permitirían componer un breve “corpus” del pensamiento actual de Patino sobre ese asunto, dejando siempre al espectador la posibilidad de optar entre formulaciones contradictorias.
(...) El mismo Eikichi, que no tiene inconveniente en considerarse “el Frankenstein del sonido cibernético”, recuerda “la risa que le producía a unos gitanos nuestro ordenador. Nos dijeron que estamos “chalaos” si creemos que una máquina va a cantar seguiriyas ella sola... Seguramente tenían razón. ¿Eso es cantar, o fabricar sonidos mecánicos, sin sentimientos?
(...) Silverio muestra un acabado técnico, visual y sonoro, que hace posible conectarla directamente con las grandes obras anteriores de su autor, aunque su tema y el soporte en que está realizada sean tan diferentes.
Juan Antonio Pérez Millán / “La memoria de los sentimientos. Basilio Martín Patino y su obra audiovisual”.- Valladolid, Semana Internacional de Cine, 2002

Basilio Martín Patino, quizás el más libre de todos los cineastas españoles, proponía desde la pantalla de televisión una sugerente y enriquecedora reflexión crítica, de carácter metalingüístico, sobre las engañosas apariencias de la representación en el mundo de la opulencia mediática.
Bajo el título de La seducción del caos se escondía, en aquella ocasión, un inteligente y provocativo recorrido por diferentes espejos cuya quiebra sucesiva iba dejando al descubierto el artificio y el simulacro inherentes a toda forma de representación, ya fuera ésta la propia del teatro, del cine, de la religión, del documental, de la literatura y, por supuesto, de la televisión. Los dardos envenenados de Basilio tendían allí a desvelar las equívocas fronteras que separan a la realidad de la ficción, y su heterodoxa propuesta se preguntaba, a cara descubierta, si acaso podía llegar a convertirse en ficción por el sólo hecho de pasar a través del objetivo de una cámara.
(...) Sus imágenes se entregaban con fruición a imitar la gramática de un telediario, reproducir la torpeza de los movimientos de cámara, falsificar supuestos programas de archivo, copiar la estética de un vídeo familiar, simular los lugares comunes de los informativos de actualidad...
(...) Muchos de aquellos segmentos se proponían a sí mismos, dentro de la ficción, como “documentos portadores de trozos de realidad” y se ofrecían como supuestamente anónimos, condición ésta que venía a reforzar su hipotética neutralidad. Patino buscaba desvelar el carácter ficcional de toda construcción audiovisual y proponía, con este fin, un verdadero carrusel de falsas apariencias y de equívocas certezas finalmente delatadas como tales por la propia construcción global del mecano. Se le proporcionaban así al espectador las claves necesarias para que pudiera reflexionar en libertad sobre la necesidad de aprender a convivir con la incertidumbre en un mundo de realidades virtuales.
Se hacía necesario recordar aquí el tipo de propuestas y reflexiones que Patino volcó en La seducción del caos porque es en la propia naturaleza de éstas donde arraiga, precisamente, el proyecto titulado Andalucía, un siglo de fascinación.
(...) Siete películas que vienen a profundizar, con la misma voluntad lúdica y provocadora que exhibía el trabajo anterior, en la reflexión sobre el estatuto de la imagen o, lo que es igual, en el estrecho margen que separa o que identifica al documental de la ficción, a la verdad de la mentira. Sólo que esta vez Patino no ha dudado en dar un paso más hacia delante, y de ahí que abandone ya por completo la indagación de carácter cervantino en los resortes de la ficción para zambullirse ahora de lleno en la construcción de otras tantas “mentiras” narrativas que se ofrecen, aparentemente, como veraces documentales de base histórica.
(...) No se persigue el documental ni la ficción, sino la posibilidad de jugar con lo que pudo ser y no fue, con el imposible fáctico de la memoria imaginada, con la ficción fantasiosa levantada sobre los datos de lo real. Imágenes soñadas que se ofrecen como documentos históricos, manifestaciones culturales heredadas de la realidad y utilizadas como instrumentos de una ficción imaginaria. En definitiva, el juego permanente con los espejismos de la cultura y de su transmisión, con los artificios de los que necesita revestirse lo real para convertirse en una parte verosímil de la memoria social.
(...) Figuras como Antonio Mairena, Fernanda la del Pinini, Tía Anica la Piriñaca, Agujetas el Viejo, Melchor de Marchena, la Niña de los Peines, Menese o Camarón, entre muchos otros, renacen al compás del recorrido que emprenden los visitantes por un bosque tecnológico en el que materiales de archivo, imágenes tridimensionales creadas por ordenador, monitores suspendidos del techo y guitarras virtuales se dan la mano en sorprendente y armónica promiscuidad.
Viejos documentales que rescatan el arte de la toná, del fandango y de la seguidilla desgranan voces ancestrales t totémicas en escenografías virtuales mientras los visitantes del museo se colocan los cascos para iniciar un itinerario virtual por todo aquel laberinto.
(...) Un divertido juego metanarrativo. Según éste, los japoneses recorren virtualmente las diferentes estancias de un museo sobre el que se ofrece al espectador un documental que da testimonio de su (falsa) existencia y de su (ficcionado) funcionamiento.
Desde lo mas hondo II se convierte así en un documental (imaginario) sobre un museo apócrifo y, como tal, inexistente. El mismo museo en el que su creador -un magnate aficionado a la cultura española- ha reservado un lugar de honor a un supuesto rodillo de papel de estaño en el que se conserva grabada (como documento arqueológico de valor excepcional) la voz nunca oída del gran cantaor del siglo XIX Silverio Franconetti, registrada al parecer, según se cuenta en la película, por un desconocido discípulo de Thomas A. Edison con vistas a la Exposición Universal de París de 1889.
Laboratorios de alta tecnología para crear y transformar sonidos sintéticos reproducen la técnica de interpretación de las seguidillas, al mismo tiempo que permiten, mediante sofisticadas intervenciones, procesar, depurar y poner por fin al alcance de aficionados y estudiosos la voz milagrosamente conservada de aquel rodillo.
(...) El magnate Eikichi, un entusiasta del cante hondo que dice llevar la delantera en la investigación acústica a otros gigantes de la electrónica japonesa (Sony, Matushita, etc.) y que se siente como “el Frankestein del sonido cibernético”, busca con sus ingenieros la forma de recuperar la voz de Franconetti, pero reconoce que el sortilegio del cante no podrá salir nunca de las manipulaciones genéticas operadas por la tecnología.
Las imágenes de Patino hablan precisamente de eso: de las fronteras con las que tropieza la inventiva de la representación.
(...) Patino encuadra, planifica y monta “a la manera de”, imitando diversos modos y formas de representación, de tal manera que estos simulacros son los que confieren a su propia representación, por paradójico que pueda parecer, un “plus” de verosimilitud, ya que no de autenticidad. El documental, el reportaje televisivo, el noticiario de actualidades, la vieja película soviética de montaje, la urgencia de los telediarios y algunas otras variantes se mezclan y se superponen dentro de una textura ecléctica, cuyo propio tejido y composición la delatan como inevitablemente posmoderna sin hacer dejación, en este caso, de una compleja dimensión dialéctica y reflexiva.
Es también un juego lúdico, concebido a la vez como divertimento y como guiño, como burla irónica sobre las pretensiones de autenticidad del discurso histórico.
(...) está claro que ni el cine ni la televisión pueden presentarse ya, en el momento presente, como simples ventanas sobre el universo, sino que “constituyen uno de los instrumentos de los que la sociedad dispone para ponerse en escena y mostrarse”.
Lo de menos, entonces, es que las imágenes sean o no reales, que guarden una mayor o menor pertinencia en relación con su referente, porque de lo que realmente se trata, al fin y al cabo, es de que la elaboración visual de aquellas, su articulación gramatical y narrativa, consigan edificar un discurso en si mismo reflexivo y coherente, capaz de integrarse en la memoria cultural utilizada como referente.
Y en efecto; la mirada irónica de Patino sobre esa construcción no interfiere ni obstaculiza la verosimilitud, la legibilidad y la coherencia del discurso narrativo. Se trata de una mirada interna, cuya distancia respecto a lo que se cuenta no se impone desde el exterior ni esteriliza la puesta en escena de forma artificiosa. El sentido del humor se cuela con sigilo y casi de puntillas entre fotograma y fotograma, la mayoría de las veces sin hacer ostentación, sin delatarse nunca como tal. Los guiños están incorporados a los códigos que se utilizan y no buscan la complicidad distante y desengañada del espectador, sino, en todo caso, su colaboración libre y activa en el juego.
Carlos F. Heredero. “LA HISTORIA COMO REPRESENTACIÓN Y EL ESPEJO APÓCRIFO”. ARCHIVOS DE LA FILMOTECA nº30. Valencia. Octubre, 1998

(...) Al hacer que el joven del casco pase alternativamente de una a otra de las pantallas virtuales desde las que hablan aquellos, y que parecen flotar en un ambiente irreal, el director consigue unos efectos de continuidad y contraposición sorprendentes, que permitirían hablar de un nuevo concepto de montaje, adaptado a las características y posibilidades de la imagen informatizada.
(...) Aquí son los viejos intérpretes del cante –y no los “entendidos”, desde fuera- quienes, después de haber mostrado sus facultades, defienden la pureza de los orígenes y sostienen, en su mayoría, que hoy no es posible alcanzar las cimas de calidad de otros tiempos, cuando la miseria, el sufrimiento y las pasiones auténticas impulsaban a los jóvenes a expresarse a través de los distintos “palos” del flamenco, innovándolos libre y constantemente con su personalidad y sus experiencias.
(...) Gracias al montaje “virtual” aplicado a las imágenes de archivo, personajes tan genuinos como Tía Añica la Piriñaca, Tío Borrico o Fernanda la del Pinini, responsables de las primeras comercializaciones como Pepe Marchena o Manolo Caracol y triunfadores tan populares como Juan Peña ‘Lebrijano’ o Camarón, ofrecen al espectador sus versiones, tanto del arte como de la vida.
(...) “Estos marginados podían vender su cante dolorido a unos cuantos que les pagasen” para acabar reconociendo que, en las circunstancias actuales, “el cantaor ensaya y se prepara para salir a escena. Ya no es voz de la tribu, sino un actor que se coloca ante las candilejas para imitar sentimientos con desgarro de atrezzo” en una formulación inconfundiblemente patiniana hasta en su trasfondo contradictorio.
(...) El hallazgo del “museo virtual” permite organizarlas en un contexto de modernidad que seguramente realza su valor icónico (...) -monitores, pantallas flotantes, puertas que se abren y se cierran-, así como los que facilitan las transiciones –pasillos, carteles, paredes cubiertas de reproducciones de Julio Romero de Torres, pequeñas escenografías kitsch- (...)
Juan Antonio Pérez Millán / “La memoria de los sentimientos. Basilio Martín Patino y su obra audiovisual”.- Valladolid, Semana Internacional de Cine, 2002

(...) El museo parece el nudo donde se encuentran pasado y presente, una verdadera casa de espejos. El pasado reflejando el presente, España reflejándose en el extranjero, encuentran en Desde lo más hondo su disculpa para volver a ser a partir de la existencia de un supuesto museo del flamenco en Japón. El argumento, simplificando mucho, viene a ser que, a partir del hallazgo de unas grabaciones antiguas de Silverio Franconeti, ya queda menos para establecer todos los pasos que ha dado el flamenco, con un catálogo completo de voces, modulaciones, modos y tipos del cante.
(...) Pasado y presente inmediato, en Andalucía, se reflejan/enfrentan –mientras los aficionados y los flamencólogos discuten sobre la esencia y los atributos de esta tierra –con un futuro- representado por lo japonés que amenaza con excluirlos de sí, precisamente imitándolos, mimetizándolos, recreándolos en otro lugar y en otro tiempo, con otra materia distinta de su propia existencia.(...)
Fernando González. “Basilio Martín Patino: pensar la Historia”. FILMHISTORIA. Volumen VII. Nº2. 1997

 


 

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